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El olvidado furgón eléctrico de la NASA: un experimento desarrollado en secreto hace 50 años que nunca vio la luz

17 de noviembre de 2025

En plena década del ‘70, la NASA desarrolló un furgón eléctrico para el correo postal de los EE.UU. que fusionaba la ambición espacial con la logística terrestre.

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Cuando pensamos en la palabra “furgón eléctrico”, lo primero que viene a la cabeza son los modelos modernos que vemos hoy en día en plenas ciudades. Sin embargo, antes de que la tendencia se generalizara, ya en los años ‘70 la NASA jugaba con esa idea de llevar al ámbito postal un vehículo libre de combustión, fruto de su experiencia aeroespacial.

Parece una mezcla de ciencia ficción ligada a la logística urbana, y de hecho lo fue: un furgón eléctrico diseñado para la United States Postal Service (USPS, servicio de correo postal de los Estados Unidos) que nunca llegó a marcar una revolución. Esta historia nos recuerda que la innovación a veces camina más lento de lo que imaginamos.

Del espacio al buzón: la génesis del furgón eléctrico que ideó la NASA

La NASA, siglas que remiten a la administración nacional de aeronáutica y del espacio norteamericana, había acumulado experiencia en baterías ligadas a vuelos espaciales y buscaba trasladar esos conocimientos al mundo civil. Es por eso que en 1976 puso en marcha el programa “Spinoff”, que aspiraba a mostrar que la tecnología aeroespacial también podía rendir “fuera de órbita”.

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El proyecto para desarrollar un furgón eléctrico, también mencionado como van de correo, fue una de esas ideas. Se trataba de un vehículo que combinara un chasis liviano, baterías eficientes para la época y un uso sencillo: entregar correo, nada de lanzamientos al espacio.

El modelo en cuestión contaba con un paquete de baterías modificado (incluyendo química níquel-zinc) que prometía mejorar la autonomía respecto a las tradicionales de plomo-ácido. Y la NASA lo probó con todo: desde ensayos de aceleración hasta análisis de consumo eléctrico y carga, y se tomaron la molestia de medir la energía usada por cada kilómetro recorrido.

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Según informes publicado años más tarde por la propia NASA, el furgón eléctrico alcanzó una autonomía cercana a las 55 millas (uno 88 km) por carga, manteniendo velocidades moderadas de hasta 20 mph (unos 32 km/h) en los primeros ensayos.

Sin dudas, y comparado con lo que hoy entendemos por vehículo eléctrico, es poco, pero en ese entonces era un gran avance. En pruebas más exigentes, las cifras caían drásticamente: a mayor velocidad o carga, la autonomía se reducía a menos de 35 millas (56 km).

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Por qué no fue una solución viable

Si bien el concepto de furgón eléctrico era visionario, se encontraron varios obstáculos difíciles de superar para la época, sin contar con la autonomía. El primero recaía en las baterías níquel-zinc, aunque mejores que las antiguas plomo-ácido, tenían vida útil limitada y costos elevados.

En segundo lugar, la red de infraestructura de carga pública ni siquiera existía. Por lo tanto el furgón eléctrico de la NASA dependía de puntos específicos para su abastecimiento. En tercer lugar, las rutas del correo postal implicaban arranques constantes, paradas, cargas y descargas que penalizaban mucho la autonomía de estos packs de baterías.

Finalmente, la industria seguía volcándose hacia motores a combustión, por lo que la adopción masiva no fue la esperada. Así las cosas, el proyecto quedó como un experimento relevante, pero sin convertirse en el futuro que muchos predijeron.

Incluso sin llegar a producción masiva, este furgón eléctrico de la NASA dejó huella: abrió caminos, acumuló datos y ayudó a entender los retos de la electrificación en vehículos de servicio pesado. Hoy, cuando vemos furgones eléctricos en ciudades, recordamos que hace 50 años alguien ya había imaginado el escenario. Y ese alguien fue la NASA.