Esta fusión Volkswagen-Aribus es una verdadera creación salvaje que, lamentablemente, no podrá volar. ¿Destino? Una pieza de arte de un millonario.
Si nos ponemos a repasar las veces que nos topamos con proyectos y transformaciones de vehículos, ya sea desde una moto, auto o camión, la lista de modelos sería interminable. Sí, hay muchísimos alrededor del mundo y la mayoría son alocados, pero seguramente pocos logren combinar el encanto que los clásicos suelen generar en el público.
Un claro ejemplo de esto es la Volkswagen T1, también conocida como Kombi, que es, sin duda, el utilitario más icónico de todos los tiempos, y que dio inicio a una larga tradición que ahora incluye la Transporter, la Multivan y la actual ID. Buzz eléctrica.
Si bien la mayoría de los ejemplares sobrevivientes a los años ‘70 se restauran con mucho cariño para transformarlos en pequeños motorhomes, un constructor canadiense tomó un camino totalmente diferente al convertir este clásico Volkswagen en una obra de arte con forma de helicóptero.
Mitad Volkswagen Kombi, mitad Airbus H125: la loca creación de un canadiense
Esta creación tan particular surgió de Chuck Jurgen Teschke, de Alberta, Canadá, quien cuenta con 38 años de experiencia en mantenimiento de aeronaves y pasa sus ratos libres –ya retirado de su actividad– creando híbridos y desafiando las normas de seguridad y la realidad de la física.
Tal y como revela Chuck en sus redes sociales, todo comenzó con un plano totalmente modificado de un helicóptero ligero Airbus H125. Una vez resuelto, localizó un avión donante desguazado, seguido del armazón de una Volkswagen Bus T1 –la de ventana dividida– destartalada. Ninguno de los dos estaba en perfecto estado, lo que los hacía aún más ideales para esta maravillosa y peculiar combinación.
Para su diseño, el utilitario de Volkswagen se sometió a una profunda remodelación para que su carrocería se integrara con el fuselaje trasero del helicóptero. Es por eso que se ampliaron las aberturas originales de los faros para mejorar la visibilidad y se sumaron ventanas adicionales al techo, manteniendo así el diseño “cielo abierto” de todo helicóptero.
El paragolpes delantero se pintó de blanco a juego con los patines de aterrizaje del helicóptero, lo que le da un toque único. Para rematar, se le aplicó una pintura bitono con franjas rojas, que evoca la estética vintage con el toque justo de estilo. Si bien el mítico Volkswagen perdió sus puertas laterales corredizas, aún conserva mucho espacio en la cabina para cualquier uso que su dueño tenga en mente.
Como era de esperar, el techo sumó el recoveco necesario para alojar un supuesto motor, con la entrada y salida correspondiente. En el centro de éste, el rotor sin las palas (hasta que no llegue a destino no serán colocadas para facilitar el traslado) se deja ver a simple vista. La aleta trasera también se ve intacta, por lo que estamos ante una construcción que imita a la perfección el aspecto de un helicóptero real, lo suficiente como para engañar a cualquiera.
La sección de comentarios de Chuck está llena de gente preguntando si realmente vuela. Lamentablemente, y pese al deseo de todos los que admiramos al menos una foto de esta transformación, la respuesta es no. Se trata de una maqueta estática, construida únicamente para embellecer el jardín de un millonario. ¿Su precio? No fue informado.
Como si fuera poco, esta fusión del Volkswagen con el Airbus es la cuarta obra de arte de la saga bautizada “Frankencopter” por Chuck. Una de sus primeras creaciones fusionó la cabina delantera de un tractor con el fuselaje y los componentes de un helicóptero.



